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Entradas

La España imposible

De aquél imperio en el que nunca se ponía el sol, sólo quedan vestigios en negro sobre blanco, una historia contada por los conquistadores y que se hundió junto a aquella armada que se creía invencible. No es un secreto que España no funciona, pero sí que lo hacemos los Españoles; somos un buen producto que tiene un mal envoltorio y un pésimo publicista. Jamás conocí patria alguna que se autolesione tanto como la Española. Y todo esto me hace pensar que es irremediable buscar una alternativa; pasó hace siglos y se repite, no se puede luchar contra los elementos. Pero he aquí donde radica el principal impedimento a zanjar el entuerto, en los elementos; tanto los unos como los otros. Un jefe de estado inexistente que se pronunció de manera tardía, intentando salvar su honor en cinco minutos con un discurso parco en palabras y soluciones; un boceto inacabado, escrito de manera apresurada recopilando los titulares de prensa y transmitiendo un solemne mensaje de intransigencia. P...

Altas horas

La marihuana es ilegal, la heroína es el demonio pero sin embargo ahora mismo  estoy disfrutando de un colocón de alcohol aderezado con esa basura a la que llaman música en las discotecas de hoy día (si Mozart levantara la cabeza) y aquí no pasa nada. Esta sociedad cínica que ahoga sus penas en alcohol y ritmos hipnóticos no se merece más que la destrucción. Es lamentable que tu máxima aspiración sea llegar al fin de semana para bailar sin ganas todo tipo de ritmo disonante lamentable que enriquece una industria furtiva que caza almas otrora útiles y las sume en una vorágine de ocio autodestructivo cuyo único objetivo es conseguir que pases una lamentable vida lo más rápido posible. ¿Por qué estoy aquí?  La respuesta es evidente si eres capaz de soportar verdades que hieren: estás enriqueciendo a unos pocos gracias a tu absurdamente desmesurado consumo de productos basura que...

Cuando contemos a nuestros nietos...

...que vivíamos y matábamos por papel, que juzgábamos a las personas por el color de su piel, que adorábamos a Dioses invisibles, que nos esclavizábamos para poseer cosas inservibles, que maltratábamos el planeta Tierra, que disfrutábamos con la desgracia ajena, que alcanzábamos la gloria en las redes sociales, pero que no éramos nada fuera de esas vidas virtuales, que el esfuerzo se ignoraba, que el fracaso se premiaba, que mayor es el éxito cuanto más cabrón seas, que se extinguieron los Quijotes que luchaban por sus Dulcineas que cuanto más tienes más vales, y que si nada tienes, nada vales, y que nunca entran en la cárcel los mayores criminales, Que entre mentiras se decían grandes verdades, Que las verdades que ofendían se consideraban maldades, Que sí era no y que no era igual, Que nos avergonzábamos de nuestro cuerpo al natural ¿Qué pensarán? Piénsalo tú antes que ellos y cámbialo.

El huevo o la gallina

Todo esta hablado, todo escrito. Y aún estándolo, no somos capaces de aprender de ello y llevarlo a la práctica. Somos seres de ideas y de ingenio y, precisamente atrapados por esa misma máquina que nos lo permite, el cerebro, pasamos presos cautivos de nuestra imaginación la mayor parte de nuestra vida. Decimos que vamos a hacer y no hacemos; soñamos despiertos y obtenemos un placer equivalente al que obtendríamos si realizáramos esa fantasía en la realidad. Es el onanismo en su máxima expresión; onanismo para con todo. Es el ser humano ensueño, que abraza lo místico y vive lo imaginario cual maleable realidad en la que es dueño de sus más bajos instintos y donde puede alcanzar la gloria sin moverse del sofá. Es por tanto, nuestra capacidad de ensoñación, un arma de doble filo, pues no es sino aquél que imagina, que se abstrae del yugo de lo físico y desdeña las leyes de lo material, el que consigue dividir el núcleo de un átomo en dos o correr más rápido que una gacela. Sólo los...

Las listas, qué listas

Diez mandamientos para guiar tu vida, nueve personas a las que tienes que imitar,  ocho reglas que te harán millonario, siete marcas imprescindibles, seis pasos que te llevarán al éxito, cinco claves para ser feliz, cuatro trucos para adelgazar, tres consejos para ser gilipollas. Imagino que la mayoría de nosotros no ha pedido vivir en un mundo de idiotas; no creo que ande desacertado si pronostico que casi todos los que estáis leyendo esto cogeríais, sin dudarlo, la primera nave hacia ninguna parte, donde no puedo aseguraros de que estaremos rodeados pero os garantizo que por lo menos no lo estaremos de idiotas. Pero en fin, es el mundo que nos ha tocado, al fin y al cabo no es tan malo y, de vez en cuando, hasta me hace esbozar una sonrisa irónica donde mezclo compasión a la par que un no deseable sentimiento de superioridad. Es en ese momento cuando das gracias a tus progenitores por haberte costeado unos estudios y a ti mismo por haberlos aprovechado. Desde hace vario...

Sobre nuestras vidas

Todo en lo que creo, los valores que otrora blandía con resplandeciente orgullo, se desmoronan paulatinamente; los sueños y ansias de cambiar el mundo han dado paso a un estadio de desidia y holganza intelectual que poco tienen que ver con el yo que me precede. He heredado lo peor de mí mismo, desechando sistemáticamente el menor atisbo de razón y copando cada uno de estos huecos con vino y vicios que conllevan irremediablemente al vil ocio. Dónde quedaron aquellos tiempos en los que mi rebeldía se anteponía al qué dirán? Sencillamente se han desvanecido, sepultados bajo una capa de mezquindad, conformismo y apatía. Qué ha sido de aquél Quijote que, ducho en la palabra y parco en temor, se retroalimentaba de sus propios fracasos y se fortalecía con ellos? Lo que queda de mí, no es más que una estrecha sombra de lo que un dái fui y probablemente nunca vuelva a ser. Me sorprendo a mí mismo cuando, oyendo mis propias palabras, caigo en la cuenta de que estoy repitiendo exactamente aquello...

Decadencia

Salgo de la oficina de empleo tras soportar una interminable cola y veo que, lo que hasta ese preciso instante había considerado un interminable despropósito, no era más que una ínfima parte de la surrealista cola de espera que mis semejantes forman, una especie de oruga gigante que, con aplomo y desidia, avanza lentamente desde la inmundicia hacia la nada. Compro, como guiado por una irónica mano, apéndice del destino, un periódico en el kiosko del barrio; y digo bien El kiosko, pues los otros tres que había, han desaparecido. El ejemplar de celulosa, que por cierto hubiera sido más provechoso en su estado original de árbol, está impregnado por una tinta que relata todo aquello que nunca quise leer, todo aquello que nunca quise imaginar que fuera posible, mas es en este preciso momento de sensibilización en el cual cada una de las palabras carga una bala más en la recámara de mi rencor hacia los corruptos políticos; corruptos todos ellos: izquierda, derecha, norte, sur, blanco, negro,...