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Un juego de paciencia

Son tiempos difíciles para la poesía. La realidad no es más que un ignominioso residuo del respeto y el honor que algún día fundamentaron la ética humana. Qué nos queda? La vida, como el póker, es un juego de paciencia y como tal, perderla significa perder la partida. Ese ha sido el motivo, la
paciencia.

La inteligencia, la experiencia y el azar a veces se alinean para formar una concatenación perfecta de palabras que, de por sí, no despiertan en nosotros un especial interés, pero que juntas catalizan nuestros sentimientos y crean emociones perfectamente reales; tan reales que nos suele sucede que preferimos vivir lo que fue escrito que escribir lo que vivimos ya que, por lo general, el escritor es consciente de los trucos antes mencionados y sabe, a priori que lo que está escribiendo está
siendo vestido por la opulencia de una fortuita y acertada combinación de caracteres.

Qué es lo que me inspira? Hacia dónde miro? Cuál es motivo de que junte palabras para expresar lo que expreso y no lo hago sobre temas apáticos de actualidad que seguramente multiplicarían la difusión de mis palabras miles de veces? Simplemente miro hacia un papel en blanco, hacia una nada que me inspire en todo y que no turbe mis pensamientos y me persuada con el pan moderno; el pan del neón y la tecnología mal utilizada y sobrealimentada para satisfacer el insaciable apetito de su maquinaria. Y tras una exhaustiva búsqueda he encontrado mi folio en blanco. Te invito a que seas mis ojos. Observa:


Tal vez ahora me entiendas y digieras mis palabras bajo un manto de tranquilidad y lucidez que sólo lugares como este brindan.

Es cuando encuentras ese espacio, donde se crea el vínculo y donde todas las decisiones que tomes serán fruto de la calma, algo casi extinto en un sistema saturado de gases nocivos y ruido que precisamente nos invitan a perderla. Hablo esta vez de otro tipo de lucha a la que raramente prestamos batalla y que ellos emplean en nuestra contra. El amor, la pasión, fuerza motriz de revoluciones y osadas gestas en contra del poder a lo largo de la historia. Muchas batallas de esa época antigua eran fruto de unos pocos valientes dispuestos a defender con su vida aquello que amaban y demostrar a un tirano, que a veces, el precio a pagar por tal defensa es el de la vida.

Ahí reside el motivo de que hayan convertido este sentimiento en un producto perecedero más en su mercado de trastos inútiles. No pueden permitirse que haya algo intangible, un sentimiento, que sea capaz de hacer que la gente se rebele contra ellos llegando incluso hasta las últimas consecuencias. Sin amor, no hay nada por lo que luchar y todo carece de sentido. Vives inmerso en una época en la que no encuentras motivo por el que mantener los sentimientos por alguien, una época en que, pese a la sobrecomunicación social, la comunicación se está perdiendo y se busca, cada vez más, únicamente el contacto físico e inmediato, dejando a un lado el cultivo de sentimientos que no solo producen satisfacción y cubren tus necesidades más fundamentales, sino que labran una voluntad por la lucha de tus derechos infinitamente superior a cualquier a cualquier otro motivo de guerra.

Seguro que lo has hablado con tus mayores. Ellos no comprenden nuestra generación; les entiendo, ya que ellos tenían algo por lo que luchar, sabían que a su lado siempre había alguien que les amaba y estaba dispuesto a secundar sus reivindicaciones indistintamente de la naturaleza de éstas. Ahora, sin embargo, corremos como pollos sin cabeza detrás de un fugaz sentimiento de amor que acaba en cualquier cama y de cualquier manera. Sin embargo y por nuestra propia naturaleza, todos buscamos ese amor verdadero; otras civilizaciones labraron esta necesidad en nuestra mente. Por ese motivo en muchas ocasiones vives frustrado y sin rumbo; seguro que te ha pasado, no encuentras el motivo por el que seguir adelante, sencillamente porque adelante no hay nada y porque librar una batalla sólo es difícil, si no imposible a la par que ilógico ya que no te embarcarás en una gesta a sabiendas de que a nadie le importa si ganas o pierdes.

En definitiva, cuando encuentras una señal clara, las fuentes de signos evidentes se desatan y no debes, por nada del mundo huir de ellos por temor al fracaso. Fracaso? Se trata de una victoria ya que has conseguido evadirte de su mundo caduco en el que quieran que seas un autómata consumidor de amor enfrascado en bonitos botes de cuerpos colosales y cinturas de avispa. Pero recuerda que estás jugando a un juego de paciencia; nunca pierdas la calma, lucha primero con la cabeza y después con el corazón. Sabes muy bien que los sentimientos no desaparecen como una estrella fugaz lo hace en una cálida noche de agosto, si no que crecen y evolucionan, dan un sentido a tu avance en la vida y te permiten contar la historia de una victoria. No debes sentir miedo por querer a alguien; esto no frena tu carrera personal ni impide tú éxito; si es correspondido catalizará tu progreso y garantizará tu éxito. No hay distancia que pueda frenar lo que sientes por aquellos que te importan.

Aprovecha esta oportunidad para recordar que, mientras los bienes materiales tienen un límite de utilización y llegado a un punto el bien pasa de ser útil a ostentoso  los sentimientos y tu inteligencia no conocen límite, cuanto más creces, más puedes crecer y, cuanto más creces, eres mejor persona hasta llegar a ser tu propio líder y vivir la gran vida soñada: tu vida.

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