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Ego sum lux et veritas et vita

Toda nuestra ciencia, que es en definitiva un lenguaje creado para hacer factible la comprensión de lo que nos rodea, está basada en axiomas y postulados. Estos, pese a ser escasos, conforman la naturaleza más fundamental de toda nuestra tecnología y saber científico. Podríamos decir, pues, que para nuestra interpretación y dominio de la naturaleza se hacen imprescindibles.

Curiosamente, la sociedad es algo natural, inherente a nuestra especie; es algo innato en nosotros. Por tanto, al no ser algo creado por nosotros, durante siglos hemos tratado de formalizarla para poder dominarla, al igual que "dominamos" el fuego o la fuerza hidráulica. Para ello se crearon axiomas y postulados, muchos de ellos recogidos en un brillante libro: "Polítca", cuya lectura recomiendo encarecidamente.

De todos ellos, hay uno que me atrae y que despunta significativamente del resto; la unión, hace la fuerza. Es un axioma sencillo, a la par que brillante. Mi mente de científico automáticamente alude a uno de los más grandes científicos de la historia y en concreto a parte de la herencia que nos dejó: F = m·a; La Fuerza es igual a la Masa por la Aceleración. Curioso símil entre la sociedad y la física, que no hace más que ratificar que en la infinita complejidad del cosmos subyace el simple producto de un puñado de leyes en su mínima expresión. Claramente podrás ver que la masa es directamente proporcional a la fuerza; o lo que es lo mismo, en términos sociales, cuanta más gente consigas reunir (masa), mayor será la presión ("fuerza") que podréis obtener para conseguir un propósito.

Si bien es cierto que el origen del todo se basa en este tipo de proposiciones, es más cierto que toda proposición tiene una implicación, que en este caso corresponde a: divide y vencerás. Se trata del gran arma que se ha usado desde los inicios para conseguir un propósito; el control de la masa mediante el seccionamiento, ya sea ideológicamente, racialmente o con cosas a priori tan triviales, pero que son fruto de grandes conflictos, como lo son los colores de un equipo.

Yo, seguramente al igual que tú, he presenciado verdaderas disputas, llegando a los gritos y a un gran enojo, en un enfrentamiento entre alguien de izquierdas y alguien de derechas; es, sencillamente ridículo, a no ser de que seas beneficiario de cualquiera de las dos partes, en cuyo caso, es sencillamente estúpido. Mucho he reflexionado sobre el por qué de estas discusiones entre personas completamente ajenas al partido; discutir con un amigo por algo que "ni te va, ni te viene" es un claro ejemplo de cómo se consigue dividir y dominar a una masa. Si no picásemos el anzuelo y uniésemos nuestras ganas de cambiar las cosas ya que, lamentablemente, liberales y comunistas, blancos y negros, hombres y mujeres, todos padecemos el yugo opresor de unos pocos que han tramado un gran plan de división social, tendríamos alguna esperanza de ganar la guerra.

Estoy convencido de que en la oposición se vive tan bien o mejor que en la presidencia de un país. Además, casualmente, si hiciéramos una estadística, seguro que en casi todos los países "democráticos" del mundo, el porcentaje de tiempo gobernando por los dos grupos mayoritarios será prácticamente del 50%.

Nadie es la luz, la verdad y la vida, nadie. Todos esos valores se encuentran precisamente en tu propio interior y no puedes dejar que se desvanezcan atendiendo a las órdenes de división de cuatro monos analfabetos que viven en la opulencia corrompidos por el lujo, el vicio y el exceso.

Eres diferente de los demás, eres único, pero eso no te impide unirte al resto; al igual que un puzzle, una sociedad compuesta por fichas idénticas es irresoluble y está condenada al fracaso. La clave es tratar de comprenderse mutuamente, hay que escuchar las opiniones y barajar opciones, vengan de quien vengan, si son buenas, se aceptan y se lucha por ellas.

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